Anita Berber tuvo una personalidad poliédrica y difícilmente clasificable: innovadora bailarina expresionista, actriz talentosa, provocadora incorregible, protofeminista, adicta a las drogas, víctima de la sociedad de su época o estandarte tempranero de lo queer… Lo que sí está claro es que su corta vida —murió a los 29 años— y sus bailes la convirtieron en una representante ejemplar de su época y de su generación. Nacida en 1899, la Primera Guerra Mundial le llegó siendo una adolescente y dio el salto a la edad adulta entre las estrecheces de la posguerra en Alemania. Aquellas circunstancias históricas engendraron a unos jóvenes descreídos y cínicos, pero también irresistiblemente creativos. De la mano de la apasionante Anita Berber, Francisco Uzcanga Meinecke nos sumerge en los cabarets y en la noche berlinesa de posguerra, con sus luces y, sobre todo, con sus sombras.